¿Te imaginas un barco al que le reemplazan todas sus tablas una por una? ¿Seguiría siendo el mismo barco? Esta es la paradoja de Teseo, un dilema filosófico que lleva más de 2.000 años desafiando nuestra idea de identidad. Según la leyenda griega, los atenienses conservaron el barco de Teseo reemplazando sus partes viejas por nuevas, generando un debate: ¿era el mismo barco o uno distinto?
Esta paradoja tiene muchas versiones: desde los calcetines de Locke (¿siguen siendo los mismos si les cambias todos los parches?) hasta el hacha del abuelo (con tres cabezas y cuatro mangos nuevos). Incluso nuestro cuerpo renueva sus células cada cierto tiempo. ¿Sigues siendo la misma persona que hace diez años? La ciencia ficción también la explora, como en Doctor Who o WandaVision, donde personajes se preguntan si siguen siendo «ellos mismos» tras cambios radicales.
¿Existe una respuesta? Algunos filósofos, como Aristóteles, argumentan que lo importante es la forma y función, no los materiales. Otros distinguen entre identidad numérica (el mismo objeto) y cualitativa (similar pero no idéntico). Curiosamente, en Japón esta paradoja no existe igual: para ellos, un templo reconstruido sigue siendo el original porque conserva su esencia y diseño, aunque la madera sea nueva. Como dijo un guía a Douglas Adams: «Siempre es el mismo edificio». ¿Tú qué opinas? (Wikipedia)
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