En las profundidades del océano vive el pepino de mar Enypniastes eximia, un ser que parece hecho de gelatina pero que posee una de las estrategias de defensa más extrañas de la naturaleza. Cuando se siente amenazado por un peligro, es capaz de licuar sus órganos internos y expulsarlos fuera de su cuerpo para distraer a los enemigos. Este proceso se llama autoevisceración y le permite escapar mientras el depredador se queda confundido, demostrando que puede sobrevivir incluso después de desarmarse por completo.
Lo más sorprendente ocurre después, ya que este animal activa un programa de reparación biológica y puede reconstruir sus órganos completos, incluyendo el sistema nervioso y los músculos, en solo unas pocas semanas. Posee un tejido conectivo mutable que le permite cambiar su textura de blanda a dura como una piedra en segundos para esconderse en grietas. Además, para defenderse, lanza unos hilos pegajosos llamados túbulos de Cuvier que atrapan a sus rivales como si fueran una telaraña submarina capaz de inmovilizar a un oponente.
Estos seres habitan los mares desde antes de la llegada de los dinosaurios y han sobrevivido a extinciones masivas sin tener un cerebro centralizado, usando una red nerviosa para coordinar sus movimientos. Los científicos estudian su capacidad de regeneración porque podría ayudarnos a descubrir nuevas formas de mejorar la medicina en los seres humanos. ¿Te imaginas que nuestro cuerpo pudiera aprender a repararse a sí mismo con la misma facilidad con la que este animal reconstruye su corazón o sus intestinos? (Knowable | Yania y familia 🙏🏻)


Deja una respuesta